El mar es un llamado que nadie pasa por alto en Maui. “MaKai”

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Todavía estoy envuelta en la luz de los arcoiris danzando en mis recuerdos de Maui escuchando la música de IZ, Kamakawiwo’ol recordando que para que exista armonía (Lokahi) tenemos que estar todos de acuerdo como el arcoíris.

Recuerdo el día en que fui a navegar en el velero por los canales de Au’au y Pailolo. Cuando llegué a Lahaina me dijeron que esperara debajo de un árbol que allí me vendrían a recoger. Yo tenía la ansiedad natural por lo desconocido. Temía que el velero se nos fuera. Al rato se aparecieron otros compañeros de viaje y se arrimaron como yo al árbol. A la hora señalada se apareció una muchacha con una bandeja de comida y nos llevó a todos hasta el barco. Cuando subimos el capitán guardó nuestros zapatos en una bolsa.

Desde el mar veía las montañas verdes y el pueblito de Lahaina que desciende hasta las marina con los barcos de vela allí fondeados. Si esta vista es hermosa; imagínate la panorámica desde la tierra cuando vez el azul infinito del mar con otras islas en el cercano horizonte.

Todo allí está impregnado de colores hasta los vestidos con diseños florales tan conocidos en el mundo y las flores que llevan las mujeres en su cabello.

Allí el mar es un llamado que nadie pasa por alto y el paisaje marino una responsabilidad de todos. Es en el mar donde viven los guardianes de las familias. Las tortugas (Honu) y las ballenas.

Trato de imaginarme cómo será en invierno este lugar tan mágico cuando las ballenas regresen de Alaska con sus crías y se escuchen sus cantos desde la orilla. En esta época mucha gente trabaja como voluntarios contando la población de ballenas que llega. Los locales siempre cuentan historias de los avistamientos. A mí me contaron que este año un cachalote y su madre fueron los últimos en abandonar las islas.

La gente de Hawaii es muy genuina y no hablan temas de grandes ambiciones. Es gente hospitalaria, algunos nacieron en las islas y tienen raíces pacíficas (Filipinos, japoneses), otros llegaron de otros pueblos del mundo con un pasaje de ida y se quedaron. Algunos dicen que no podían vivir lejos de tantos encantos y Maui según los polinesios significa “ vivir”, “subsistir”.

Cuando cruzas el pacífico todo cambia: es como si cruzaras muchas fronteras.

Allí como en todas las islas de Hawaii al viajero que llega lo invade una sensación de libertad que tiene mucho que ver con el diseño de los edificios con espacios abiertos. Existen muchos resorts pero ninguno es más extraordinario que la naturaleza.

En Hawaii la naturaleza no pasa desapercibida. Las inmensas olas, la fuerza del viento, los espectaculares arcoíris, estrellas, atardeceres y amaneceres. Este es el sitio ideal para reconciliarse con la naturaleza.

Desde el aeropuerto a los hoteles, la paz entra con la brisa a todos los lugares. Claro, Maui es la isla de los vientos. De ahí el título de capital del surfismo en el mundo.

En Hawaii existe un turismo sostenible.

Antes del turismo de masa antiguamente habían plantaciones de piña; pero hoy en día del mar viven muchas familias, capitanes de veleros y tripulaciones que le ofrecen servicios a los turistas ( cruceros de puestas de Sol y avistamiento de ballenas en la temporada de invierno). Dicen que el que navega allí puede hacerlo en cualquier parte del mundo y esto tiene que ver con las condiciones del viento.

El canal también está protegido por Moloka’i en el norte y Kahoolawe en el sur. La profundidad del canal alcanza los 108 pies (33 m), y su ancho es de 8.8 millas.

El canal Pailolo separa las islas de Moloka’i y Maui. Aunque el canal está a solo 13,4 km (8.4 millas) en su punto más corto, es uno de los más ventosos y duros de las islas hawaianas.

 

 

 

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