Cómplices en el silencio, una muestra de árboles condenados por la mano humana

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Cómplices en el silencio una instalación que nos estremece y sacude. Una muestra sobre la  naturaleza condenada por la mano humana.

Hoy tuve la oportunidad de visitar la impresionante instalación de Miguel Martino, artista argentino residente en El Salvador, titulada “Cómplices en el silencio”, expuesta en el Museo de Arte (MARTE), de El Salvador, del 12 de julio al 2 de septiembre de 2018.

Sin conocer su contenido, cuando hace unos días leí en la cartelera cultural el título de la muestra, me sentí atraída, y es que en cierta medida, todas y todos somos cómplices en el silencio de muchos dramas de nuestras sociedades, ya sea por temor, por desidia, por desconocimiento o por saturación.

Y es increíble como cualquiera de estas causas nos detiene e incluso llegan de manera inconsciente a amarrar nuestras esperanzas.      

Llegar a los predios de este museo, excepcional en su arquitectura y sus inspiradoras curadurías y museografías, es siempre gratificante. Allí he renacido, en silencio, una y otra vez durante cuatro años.

La instalación nos estremece, nos sacude, nos zarandea.

El mismo hecho de poder divisarla desde un piso superior y a cierta distancia, aumenta el shock psicológico. La primera mirada a aquellos troncos de árboles que cuelgan de sogas nos tiende una trampa visual, con todo propósito, pareciera que tenemos enfrente a seres humanos ahorcados, que en vez de ramas, extienden sus brazos y piernas.

Entrar en ella produce dolor. ¿Cómo podemos callar ante el daño a nuestra Madre Tierra?

La nota del curador que acompaña la muestra comenta que «troncos y ramas están suspendidos del cielo de tal manera que da la impresión de haber sido “ahorcados”, como se puede ver en los lazos y tipos de nudos utilizados en su suspensión. Estas piezas, elaboradas por el artista, simbolizan elementos de una naturaleza condenada y ajusticiada por la mano humana (…) nuestra respuesta a los beneficios que proporcionan los elementos naturales es su eliminación, y es así como cada año se pierden más áreas de bosque y se afecta el medio de muchos seres vivos, incluyendo grupos humanos que han sabido convivir con armonía en su entorno natural (…) no solo es evidenciar la destrucción (…) sino que hacer conciencia de nuestro silencio, de nuestra indiferencia y de la ignorancia que se encuentra detrás de esta actitud pasiva (…)»

Martino utiliza la madera recuperada, la desechada, la abandonada, aquellos pedazos relegados, que reconstruye y talla. Sus manos profesionales y sabias los unen. En el proceso creativo va aprovechando las formas, las texturas, los nudos, las vetas y los tonos de color del noble material, y así crea piezas de contrastes llamativos que acentúan su innegable estilo expresionista.

No sé si hoy estuve frente a fragmentos renovados de un árbol de maquilishuat, conacaste, cedro o copinol, hubiera querido tener ante mí al propio artista o a aquellos campesinos que me enseñaron los secretos de los árboles en Chalatenango o Nahuizalco, una vez más habitó en mí la sed por conocer cada tramo de la descomunal naturaleza de esta tierra centroamericana.

Lo esencial lo respiré: la naturaleza nos reclama a gritos. Y el arte traduce ese llamado.

El Salvador ya está viviendo este año las consecuencias del acelerado cambio climático.

En esta época del año, algo increíble, se registró una considerable disminución de las lluvias. La larga sequía trajo consigo un aumento de las temperaturas, la baja de los mantos freáticos y las pérdidas de cosechas. Las diversas condiciones atmosféricas de los océanos Pacífico y Atlántico han incidido, así como la extensa estadía sobre el territorio del Polvo del Sahara.

Se llegó a declarar alerta roja en 143 municipios y alerta naranja en 12 departamentos afectados por pérdidas en la producción de maíz, alimento esencial en la dieta del pueblo salvadoreño.

En el reciente Festival del Maíz, celebrado en Chinameca, escenario del ritual lenca del maíz, se invocó por lluvias abundantes para lograr buenas cosechas durante la segunda etapa del período lluvioso.

El Ministerio de Medio Ambiente ha impulsado la campaña #Plantatón2018, con la siembra de 5 millones de árboles que servirán para restaurar zonas degradadas del país.

Lo cierto es que ya desde hace unos días se respira distinto y el verde nos comienza a alegrar. En cada gota de lluvia, en cada nube, en cada despertar al ver las gotas de rocío está la presencia de Tláloc.

¡Sumémonos pues a romper el silencio! La vida nos convoca.

 

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