Editorial 100 aniversario

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Aprovecha el privilegio de tener esta edición especial en tus manos! Confío en que después de leerla aumentará tu bienestar.

En 1997 decidimos abrir las oficinas de FAMA en el barrio de Soho, en New York. Empecé una nueva vida en el 110 Greene Street y un día caminando descubrí una tiendecita donde vendían alimentos frescos orgánicos. Fue como descubrir agua en el desierto. En esa época, no era común encontrar algo así.

Yo era una más entre los millones de personas que desperdician el dinero consumiendo comida “chatarra” porque no tenía otras opciones; como todo el mundo decidía comprar mis alimentos deslumbrada por la caja bonita o la foto apetitosa.

Desconocía que mi leche, mi carne y mi pollo tenían hormonas y antibióticos, que el delicioso refresco estaba endulzado con sirope de maíz, que los casquitos de guayaba enlatados tenían colorantes. Mis vegetales y frutas habían sido fumigados con químicos dañinos. Siempre bebía agua y jugos en las botellitas de plástico con químicos.

Los que hablaban esos temas en aquel entonces, daban la impresión de estar locos y de alimentarse  con “comidas raras”. Yo no los vi así. Esa luz que llegó a mí vida se convirtió en mi nueva filosofía de vivir. Todo lo que había en mi refrigerador fue a la basura.

Decidí investigar y estudiar a los doctores, nutricionistas y científicos que ya habían dado los primeros pasos. Comencé con Michael Murray, Artemis P. Simopolulos (The Omega Diet), David Heber (Director del Centro UCLA de Nutrición Humana), Amil Minocha, Deepak Chopra, Helen E.Dizemidko, Mildres Seeling,  Andrea Bliss-Lerman, Phyllis A. Balch, Collin Cambell, Paul Pitchford, Nicholas Perricones, Andrew Weill y Christiana Northrup.

Dediqué años a investigar, estudiando desde nutrición hasta medicina ayurvédica. Viajé a China a reunirme con longevos y visité fincas orgánicas en varias partes del mundo. Así fue como creamos la Sección Bienestar – Viviendo Sano, de FAMA.

Pero como dice el dicho: en casa del herrero cuchillo de palo. No pude lograr que mi adorada tía Irma Betancourt dejara los refrescos de soda y las hamburguesas con papas fritas que agravaron su terrible diabetes. Mientras estoy escribiendo este editorial, mi tía ha sido hospitalizada en cuidados intensivos con 600 de azúcar. Ya de alta, ahora me promete, comer vegetales frescos orgánicos, dejar los refrescos y hacer un esfuerzo por caminar.

Nuestros abuelos y bisabuelos se criaron con comidas caseras sanas y nunca fueron obesos. Nosotros no, vivimos en lo que los científicos llaman un “Toxic Food Enviroment”. Afortunadamente hay opciones. En esta edición podemos conocer como desde la Primera Dama de Estados Unidos, los príncipes y los famosos artistas abogan por una mejor alimentación.

Es necesario que leas las etiquetas de los alimentos que compras. Vigila lo que comes y le das de comer a tus seres queridos, hay campañas como la del Bigote de Leche que son muy atractivas pero no especifican que todas las leches no son iguales, opta por todo lo que sea orgánico.

Ileana Muñiz

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