Córdoba

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Por Ileana Muñiz

Todo el que llega a Córdoba se pierde y termina en el mismo lugar, al pie de la Mezquita Catedral de Córdoba, el monumento mas emblemático de toda la arquitectura andalusí junto con la Alhambra de Granada. Todo gira alrededor de ella, la historia, la arquitectura y la vida moderna.

Luego te vuelves a perder en el laberinto de callejuelas estrechas teñidas de blanco y amarillo para alejar el calor. Ahora sabes que todo está cerca, la Judería con su Sinagoga, los conventos donde las monjas venden deliciosas panetelas, el placer de los baños arabes “hammans” y el paseo en coches con cocheros que presumen sus cabellos andaluces por las callejuelas estrechas.

Tú primera impresión es que estás en otra época. Pero no. Has llegado a una ciudad moderna, real y viva, habitada por gente muy alegre y pacífica, que ha podido vencer los avatares del tiempo y se empeña en salvaguardar su herencia cultural mestiza.

Empecemos dándole la reverencia al Patrón de Córdoba, el Arcángel San Rafael, que está en el puente romano del Guadalquivir, cualquiera que sea tu religión, su bendición será tu salvoconducto en este recorrido. A penas cruces el Puente romano, y entres por la Puerta de Almodovar has llegado a una de las ciudades mas famosas y cultas del mundo en otros tiempos.

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Ocupada por los romanos, vivió su época de esplendor en los siglos XII, cuando fue capital del Califato. Se suele decir que, cuando Europa estaba sumida en la edad de las tinieblas, Córdoba estaba iluminada.

Tenía un modo de tolerancia y convivencia como en el New York o el Londres de hoy. Era la mas poblada de su época, su diverso millón de habitantes oraban al mismo Dios, los árabes en sus mezquitas, los judíos en sus sinagogas y los cristianos en sus iglesias. Aquí se reunieron los sabios, médicos, músicos y filósofos mas brillantes de Occidente. Era la tierra del vino, las mujeres cultas y la música, si visitas las Casa Sefardí en la Judería, conocerás a las mujeres mas famosas de Al Andalús.

Nada mas tienes que andar por la ciudad y vas a ver como los cordobeses, veneran a sus sabios, con esculturas que encuentras en las plazoletas, dedicadas al hispano romano Séneca, el musulmán Averroes y al judío Maimónides.

Lo primero que hacía un viajero que llegaba a Córdoba era visitar un baño árabe “hammans”, antes de ir a la mezquita. Hoy en día puedes ir al Hammans de Al Andalus y hacer lo mismo, para comenzar tu recorrido.

Ya limpiastes tu cuerpo con esencias de azahar, ahora puedes entrar a la Mezquita Catedral de Córdoba de Santa María, una de las mas famosas del mundo.Tiene aires de la Mezquita de Damasco. Si el bosque techado por columnas con arcos de herraduras del edificio islámico, te asombra, ni hablar de lo que pensarás cuando veas la Catedral Cristiana en medio de la Mezquita. Pero sigues con tú asombro. Debajo de esta, encontraron las ruinas de la iglesia cristiana de los romanos.

Para intentar comprender la historia de Al Andalús, visita el museo Torre de la Calahorra, vale la pena subir a la cima para disfrutar la mejor panorámica de la ciudad al otro lado del puente.

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Ya se prendió la mecha del saber, y Córdoba te motiva a seguir en la búsqueda de sus tesoros. No te marches sin antes visitar el barrio Judío y  la Sinagoga, uno de los templos hebreos mas importantes de Europa, que guarda reliquias, como las inscripciones hebraicas de sus muros. Aquí vivió una importante comunidad judía que se mezcló con la comunidad musulmana y fue desterrada durante la reconquista.

Pero la herencia de los romanos, árabes, judíos y cristianos no está sólo en los monumentos, sino en las recetas de la cocina, la música, la joyería y el repujado en cuero. La berenjena con miel, el cordero, los alfajores y los pastelillos árabes que puedes comprar en el mercado de abastos en la Plaza de la Corredera.

Si llegas en Mayo, es la mejor época, la ciudad está mas alegre y fiestera que nunca, adornada con cientos de cruces y miles de macetas con flores durante la celebración de las Cruces de Mayo. Los Patios cordobeses compiten luciendo sus geranios andaluzes  que resaltan en la cal blanca de sus balcones y ventanas enrejadas donde asoman las abuelitas cordobesas.

Córdoba es la ciudad del cante jondo, la “soleá” . Aquí nació Joaquín Cortés. Para estar cerca del flamenco en su forma mas auténtica, visita la Peñas flamencas, que se celebran en los patios cordobeses. Te recomiendo la de “El patio”, antigua casa del pintor cordobés Julio Romero de Torres,  donde preparan frente en un caldero, un arroz casero de Perol muy delicioso, seguido de un recital de flamenco puro.

Ir de tapas. A Garum 2.1, un tapas bar con precios económicos, sirve cocina tradicional cordobesa con un toque moderno. Pide las berenjenas con salmorejo y huevos rotos. ( San Fernando 120-122)

Hospedarse. Hotel Las Casas de la Judería, cinco estrellas. ( Tomas Conde 10). Si buscas un hotel con encanto y unas habitaciones decoradas con fina artesanía cordobesa, este es. Ubicado en el casco histórico a pasos de todos los sitios de interés. www.casasypalacios.com.

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